miércoles, septiembre 27, 2006

Destino de Caballero...

Lo recuerdo como si fuese hoy, quién diría que hace casi 30 años…
Había prisa. Mi padre me hacía ver la necesidad de acudir al Calderón el 1 de junio de 1977. “Ningún atlético que se precie podría faltar”, me argumentaba, mientras que mis amigos esperaban para organizar el partido…
No habían transcurrido diez minutos y ya me encontraba acompañando a mi padre, en el asiento trasero de un Renault 12 TS azul metalizado (antes, los niños no iban delante)
Y no lograba entender por qué me pasaban a mi esas cosas, mientras que a Alberto le dejaban hacer lo que quería (incluso iba solo al campo). No paraba de pensar en ello y, cuando quise darme cuenta, estábamos aparcando cerquita del Campo.
De la mano de mi padre hice mi último intento. “Papá, es un partido amistoso y encima contra el Bilbao…”
Mi padre frunció el ceño y me dijo unas palabras que nunca olvidaré: “Hoy no vamos a ver un partido, hoy vamos a despedir a un Caballero”
Mi tío, algo enfermo, se nos unió después: “Se nos va Gárate, chaval. Se nos va y no podemos hacer nada…”
A mi me extrañaba tanta milonga. Un año antes se había marchado Adelardo (¡ese sí que era la leche!) y no se me obligó a nada. Acabábamos de ganar la liga y me salían con historias de que se nos iba Gárate…
Era el Aleti más “esplendoroso” de la historia del Club. La “casi”, la Intercontinental, la Copa del 76, la liga del 77…
Éramos algo “vikingos” los chavales del Aleti en aquellos momentos. Los títulos iban por delante de los argumentos (más tarde aprenderíamos a golpes la poca importancia de los éxitos cuando uno tiene la suerte de notar la sangre rojiblanca inundando, regando su cuerpo de vida apasionada…) y éramos un GRANDE, eso nadie lo discutía.
En el estadio, sentado y con su “almohadilla escocesa” nos esperaba mi abuelo. Un hombre seco, no muy dado a efusiones; pero de esos que transmiten honestidad e integridad a raudales.
Me fui hacia él, a saludarle. Y no le hicieron falta dos segundos para darse cuenta de que “algo” me ocurría…
- ¡Es que íbamos a jugar un partido!, abuelo, y además yo llevaba el balón y….”
- Pero es el homenaje de Gárate, me cortó bruscamente. Hoy nadie puede faltar (otro que se ha aprendido la milonga, pensé), aunque no sean atléticos. Hoy éste es el sitio de cualquiera que ame al fútbol.
Eso me descolocó. Ya no era cuestión de ser del Aleti o no, se trataba de ser aficionado a un deporte por el que el tipo al que se homenajeaba había hecho tanto…
Cuéntame de Gárate, abuelo. ¿Fue mejor que Mendonça?
Los pequeños ojillos de mi abuelo se iluminaron. No solía sonreir; pero lo hizo en ese preciso instante. Como contento de que su nieto se interesase por su opinión.
Saltaban al campo, mientras, una mezcla de jugadores de la Real y el Bilbao. Por esas épocas no había una enemistad tan grande con los equipos vascos. Es más, era cierta simpatía (quién me diría el terror que iba a vivir con F/A en San Mamés unos años más tarde, o en Atocha…) que, en el caso del Athletic, se fundamentaba en nuestro origen y en la cantidad de grandes jugadores que habían llegado a nuestro Club procedentes de esa tierra.
En ese momento salió del túnel el “Ratón”, con la cabellera al viento. Hablando con Rubén Cano (el “sustituto”) y bromeando con Pereira… ¡AYALA! Grité con todas mis fuerzas, como intentando que me escuchase y se “solidarizase con mi problema”
Mira, ahí está Gárate, me dijo mi padre.
Un tipo espigado, con enormes dificultades para caminar. Se le notaba emocionado por ver el Calderón lleno y a la vez tenso por lo que se le “venía encima”.
Mi abuelo se inclinó y puso la mano en mi hombro. “Don José Eulogio Gárate Ormaechea. El delantero más elegante que ha pisado campo alguno.”
Sí, claro, pensaba yo. Pero a ver si le enseñan a hacer las bicicletas de mi ídolo Leivinha, o las carreras de Ayala con el balón pegado…
Como si me hubiese escuchado me espetó: Gárate es mucho más que eso. Hemos podido presumir durante años de tener en nuestro equipo a un Caballero. Alguien que no celebraba los goles por respeto al rival y que jamás fue expulsado de un campo de fútbol (se enfadó consigo mismo en ese momento), salvo el sinvergüenza madridista ese de Guruceta (añadió sin muchas ganas). Gárate significa lo más grande. Echaremos de menos el resto de nuestra historia a jugadores que aporten dignidad en el campo…
Se le denominaba “Ingeniero del área” porque no era habitual que los futbolistas fuesen gente preparada (que no solían tener estudios, vamos); pero D. José Eulogio sí. Estudiaba para ingeniero, además. Pero para mi abuelo era “ingeniero” porque desmenuzaba el área, porque comenzó a entender el fútbol táctico (no cabe ni la menor duda de que fue un adelantado a su tiempo) y ahí precisamente se basaba su éxito…
Cierto que tenía un espléndido regate, un no menos fabuloso remate de cabeza (normalmente picado) y que protegía el balón de forma muy correcta (excepto el que le robaron en la “casi” ). Sin embargo Gárate veía el fútbol. Lo entendía perfectamente y de ahí su perfecta colocación.
Al final del partido se le ofreció el Trofeo como recuerdo. Mis palmas echaban humo, ya lo había comprendido, y mi abuelo no dejaba de mirarle, como queriendo grabar su imagen para siempre. Y lloró, con lágrimas secas, de hombre duro. Lloró por lo que perdía no ya el Aleti, sino su nieto, sus hijos, el mundo… Lo sentía no por él, sino por lo que no verían los demás.
Poco tiempo después mi abuelo abandonó "otra liga". No podría afirmarlo; pero es factible que sintiese que los suyos se marchaban, que su Aleti empezaba a no ser motivo de orgullo, que no había nada que contar a sus nietos…
Yo me perdí un partido, uno de tantos que luego pude jugar, y entendí cómo ganar habiendo perdido. Me di cuenta de que, precisamente, Gárate representaba esos valores tan escasos hoy en día.
- La mano tendida al vencedor. No de rendición, sino de admiración.
- La mano tendida al perdedor. No de prepotencia, sino de reconocimiento.
Eso es Jose Eulogio Gárate. Eso y mucho más.
Y es por ello que, cuando leo lo que ha dicho sobre Fernando, pienso que mi abuelo hoy volvería a estar orgulloso de tener alguien como el Niño en el campo. Como lo está Gárate. Como lo estoy yo.
Y me gustaría que, algún día muy lejano, algunos rememoremos esta historia cuando Torres se retire. En el Calderón, con 65.000 espectadores (porque nos han dejado cerrar el campo) tronando “Fernando Toooooorres… ” y un jovencito al lado al que transmitirle la historia del guerrero retirado para que continúe la saga…
Y es que uno se va haciendo mayor, compañeros, y se emociona con cualquier cosa. No me hagáis mucho caso, pero...
FORZA Aleti, JODER!!!!

Texto Original de Jimboy (Foro de Señales de Humo)

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