viernes, noviembre 03, 2006

Crónica de una muerte anunciada...

El Atleti está enfermo, es un paciente terminal que lleva padeciendo desde el 26 de Junio de 1987, en el que la poltrona rojiblanca fue asaltada con malas artes por un rara avis patógeno de Burgo de Osma y que se asentó fraudulentamente en el sillón del "capo" según las pruebas diagnósticas del Tribunal Supremo, y todo el mundo calló... La enfermedad, como una metástasis "osténtorea" e incontenible, fue minando la salud del otrora atlético cuerpo, hasta convertirlo en el bufón de una corte futbolística plagada de malos hábitos y rencillas barriobajeras, y todo el mundo calló... ; prolapsos xenófobos, records de entrenadores guillotinados y cientos de jugadores ajusticiados en pos de la autoprotección y promoción de una ignominiosa verborrea gilista, peleas de maleantes propias del inframundo friki que se alternaban con jacuzzis borboteantes repletos de sirenas salidas de "Pepito el Piscinas", dieron paso a una putrefacción solapada del tejido colchonero que a paso constante y seguro iba avanzando entre lamentos deportivos y querellas criminales, que la maquinaria propagandística del pastor de borregos, putas y yonkis se encargaba de alimentar y encauzar a su antojo. Y al contrario que el refrán, la calma de los titulos esporádicos precedió a la tempestad del coma del enfermo de segunda división... y todo el mundo calló. Así, el agente patógeno fue logrando sus rastreros objetivos bajo el auspicio indiferente de las justicias humana y divina, ciegas porque no querian o no les interesaba ver, y que cuando reaccionaron para quitarse la venda que el hombre añadió a su representación, permanecieron impasibles ante la ruina que se hallaba ante sus ojos... y lo saben...tanta gloria lleves como paz nos dejes... pero demasiado tarde... colega... sus acciones han prescrito, los daños son irrecuperables y ahora sólo el atleti pagará el pato.... y todos seguirán callando... Los tratamientos profilácticos no dieron sus frutos ya que la enfermedad se ha convertido en genética al pasar de padre a hijo y el final se encuentra más cerca de lo que todos preconizabamos. El Calderón no verá a sus hijos volver a ser campeones del mundo, los enterradores llevan mucho tiempo con el traje de faena y las palas relucientes, imaginan una nueva oficina en la grada de sol o una inmobiliaria donde el marcador, esperando con impaciencia la suculenta propina que le proporcionará el consistorio para mitigar sus deudas viciosas y costear el retiro caribeño; mientras, un cobarde cortejo fúnebre avanza por el Paseo de los Melancólicos entre sollozos, recuerdos de épocas doradas, que ya quedan muy lejanas en el tiempo, y la misera mentira piadosa de creerse todavia "la mejor afición de España".

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